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El gran enigma detrás de La Estrella de Belén

La estrella de Belén, el enigmático objeto celeste que guio a los Tres Reyes Magos en su travesía para encontrar el lugar de nacimiento del Mesías ha cautivado durante siglos a escritores, filósofos, teólogos, astrónomos y a las personas en general.

Según relata la tradición cristiana, ellos la observaron hacia el oeste de la bóveda celeste y supieron que su viaje había concluido al notar que se detuvo en el lugar en donde había nacido Jesucristo. Esto por supuesto dentro de la física es muy improbable, que un objeto celeste se pose encima de algo tan pequeño como un pesebre, o incluso un poblado, pero bueno eso es otra historia.

Esto lógicamente ha traído controversias entre estudiosos de la biblia, historiadores, cristianos y científicos, especialmente dentro del campo astronómico sin lugar a dudas.

Y también ha planteado muchas interrogantes.

¿En qué lugar del cielo apareció? ¿Cuán brillante era? ¿Qué forma tenía? ¿Qué color tenía? Estas y otras preguntas se han hecho todos los que han intentado estudiar el fenómeno celeste, que de por si es uno de los más importantes fenómenos celestes de la humanidad.

Desde la antigüedad muchos astrónomos han intentado descubrir cual fue ese extraño objeto protagonista de tan relevante evento que ha inspirado espiritualmente a un buen número de habitantes de nuestro planeta durante más de dos mil años.

Desde hace siglos podemos encontrar a astrónomos como Johannes Kepler reconocido astrónomo alemán, quién en el año de 1614 estableció que unas 105 conjunciones entre los planetas Júpiter y Saturno se dieron en el año 7 A.C. por lo que llegó a la conclusión de que posiblemente alguno de estos eventos pudo ser la famosa estrella de  Belén.

Cálculos efectuados más recientemente con mayor exactitud han demostrado que el acercamiento o conjunción entre ambos planetas para ese período de tiempo no fue realmente significativo como lo previó Kepler y para apoyar esto tenemos el caso de un antiguo calendario grabado en una tablilla de arcilla de Babilonia, en donde se evidencia que los astrólogos de la época le restaron importancia al hecho.

Pero ¿y si en vez de una conjunción planetaria fue en realidad un cometa errante que quizás nos visitaba por primera vez? Esta tesis ha sido defendida por muchos estudiosos del caso y en verdad si nos ponemos a estudiar el tema vamos a encontrar que muchas de las representaciones del arte antiguo personifican a la estrella de Belén con cola, como un cometa. Esto pone difícil la cuestión, ya que si no es un cometa periódico cuya trayectoria ya ha sido establecida en las cartas astronómicas y por el contrario es un cometa de órbita hiperbólica, que apareció una sola vez en condiciones excepcionales para ser observado con mucho brillo desde la Tierra. Este inusual visitante sin poseerse un registro de su órbita imposibilitaría probar su existencia en el momento.

Pero muchos alegan que la aparición de un cometa en el cielo nocturno difícilmente se puede confundir con el brillo de una estrella, los cometas eran objetos celestes conocidos desde tiempos remotos por la Humanidad y es poco probable que se hayan confundido. Otro argumento válido es que desde la antigüedad los cometas eran reconocidos como portadores de desgracias y malos acontecimientos para los habitantes de las tierras en donde eran observados su aparición era motivo de preocupación por la supuesta mala fortuna que ellos acarreaban.

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Marcos Tulio Hostos